Seguir produciendo como antes ya no es una opción inocente

El cambio profundo no siempre llega como un golpe de efecto. A veces empieza de forma más sutil: en una decisión concreta, en la incomodidad de seguir produciendo como antes, en la búsqueda de caminos más responsables, como el uso de biomateriales sustentables.

Los biomateriales compostables no son solo una alternativa a los plásticos o materiales sintéticos: son una invitación a revisar la lógica que sostiene lo que producimos. En un mundo saturado de materiales que tardan siglos en desaparecer, trabajar con lo compostable, con lo que respira y se transforma, es una forma concreta —y ética— de imaginar otro presente.

Pero cambiar la materia prima no alcanza si seguimos reproduciendo los mismos patrones extractivos y lineales. Como propone Neri Oxman, diseñar con biomateriales no es simplemente “usar lo bueno en lugar de lo malo”, sino dejar de concebir la naturaleza como un recurso geológico para empezar a coeditarla como una realidad biológica
(«We must shift from consuming nature as a geological resource to editing it as a biological one», Neri Oxman).

Esa diferencia es estructural: no se trata solo de qué producimos, sino de cómo pensamos el acto de producir.
En vez de moldear la materia, podemos acompañar su comportamiento. En lugar de imponer forma, podríamos permitir que los materiales crezcan, respiren, se expresen.Trabajar con biomateriales sustentables no se trata solo de encontrar reemplazos materiales, sino de integrar otra lógica de diseño
.No es dominar un proceso. Es aprender a convivir con otras temporalidades, aceptar el riesgo de lo vivo, dejar espacio al cambio. Como también sugiere Oxman, esto implica dejar atrás la división entre arte, ciencia y tecnología, y empezar a operar desde la convergencia
(«The future of design lies at the intersection of art, science, engineering, and biology», Neri Oxman).

El desafío no es solo ambiental: es epistemológico.
¿Qué dejamos atrás con lo que producimos?
¿Y qué formas de pensar estamos dispuestos a transformar?

Cuando hablamos de biomateriales, hablamos también de responsabilidad. De preguntas que nos atraviesan como creadores, diseñadores, educadores, consumidores. Preguntas como:
– Qué impacto tiene lo que hago?
– Qué deja atrás lo que produzco?
– A qué sistemas me pliego sin notarlo?

Lo que producimos habla de nosotros. Y de lo que viene.
Y aunque no tengamos todas las respuestas, sabemos que es tiempo de imaginar otras formas de habitar este presente.
Más porosas. Más vivas. Más sostenibles.
La emergencia climática no es solo un problema de materiales. Es un síntoma de una estructura de pensamiento que aprendió a valorar lo rápido, lo eterno, lo descartable y lo rentable por encima de lo vivo.

Para quienes piden datos:

Algunos datos actuales que ayudan a dimensionar el problema:

  • Se generan unos 400 millones de toneladas de plástico por año, y menos del 9 % se recicla; el resto se acumula en vertederos o contamina ecosistemas (SAGE Journals, Waste Direct, CleanHub Blog).
  • Cada año entran entre 1 y 2 millones de toneladas de plástico a los océanos (Our World in Data).
  • Si no cambiamos el rumbo, la producción global de plástico podría casi triplicarse: de 507 Mt (2019) a 1356 Mt en 2060 (UNEP, ScienceDirect).
  • La industria textil genera 92 millones de toneladas de residuos por año. Solo el 17 % se recicla; el 76 % termina en vertederos (Unsustainable Magazine).
  • En 2019, el 95 % de las pinturas producidas eran a base de plástico, y se estima que hasta el 58 % de los microplásticos oceánicos provienen de pinturas. (terceraa causa de microplásticos en orden de volúmenes detectados)
  • Y no olvidemos los materiales contaminantes usados habitualmente en el arte: plásticos, resinas, fijadores, tintas, telas con marcos de madera, emulsiones y químicos fotográficos. El aporte individual puede parecer marginal frente a las grandes industrias, pero el gesto importa. Crear conciencia en prácticas culturales también transforma estructuras productivas.

Cambiar esa estructura no se logra solo eligiendo un insumo distinto.
Se logra cuando repensamos nuestros hábitos, nuestras prioridades y nuestras formas de producción. Cuando nos permitimos trabajar con otros tiempos, con otras lógicas, con materiales que envejecen, que mutan, que vuelven a la tierra.

No tenemos todas las respuestas. Pero seguimos buscando preguntas que nos acerquen a formas de vida más justas, más vivas, más sostenibles.

3 comentarios en “Seguir produciendo como antes ya no es una opción inocente”

  1. Susana Inés Gastellú

    Estoy totalmente de acuerdo, pero¿Qué difícil es cambiar las costumbres? Tratamos de concientizar éste problema en colegios, pero, a los que les cuesta cambiar, es a los mayores..

Los comentarios están cerrados.

Scroll al inicio